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8 claves para entender SAN JOSÉ, la vibrante (y desconocida) capital de la ‘pura vida’

Segura, con un patrimonio envidiable, un entorno único y una gastronomía ecléctica, San José es, además, una urbe tranquila y disfrutona donde impera el buen humor. Entonces, ¿por qué la capital de Costa Rica es la eterna olvidada en las rutas a este país centroamericano? La abrumadora belleza costarricense es la culpable de que, aunque Costa Rica es uno de los países más visitados de Latinoamérica –y el segundo, tras Panamá, con más gasto por persona–, San José sea solo un sitio de paso, donde llegan los vuelos internacionales y se conecta con el resto del país.

¿Quiere eso decir que no merece la pena venir aquí? En absoluto. Chepe –como se la conoce cariñosmente– es una ciudad con mucho que contar, repleta de estudiantes, amante de la buena vida, con un tamaño perfecto para recorrer a pie y muchos secretos a descubrir. Estos son nuestros favoritos.

1. La historia

Catedral Metropolitana de San José | EVG
Museo Nacional de Costa Rica | EVG

Tras los huetares del Señorío de Garabito –primeros indígenas de la ciudad– y la conquista de los españoles, la orografía del terreno, su altitud –está a 1.300 metros sobre el nivel del mar– y la escasez de agua hicieron que San José tardara en convertirse en capital del país. La Catedral Metropolitana fue el espacio alrededor del cual empezó a aglutinarse la población, un edificio neoclásico –Patrimonio Histórico Arquitectónico desde 1998– que comparte protagonismo con el Museo Nacional, enclavado en el antiguo Cuartel Bellavista.

2. La cultura

Plaza de la Cultura | EVG
Teatro Nacional de Costa Rica | EVG

El verdadero epicentro de la ciudad es la Plaza de la Cultura, una vibrante cuadrícula en la que se mezclan universitarios, vendedores ambulantes y turistas. La encontrarás sobre la Avenida Central –una de las pocas calles con nombre de San José– y el Reloj de la Fuente, el sitio icónico donde quedar. A su espalda, el Teatro Nacional es, para muchos, el edificio más bonito de la ciudad por dentro y por fuera, una obra neoclásica construida en 1897 que se pagó con los impuestos de la industria cafetera. Si la plaza te ha gustado por arriba, en el subsuelo encontrarás los Museos del Banco Central, que incluyen el Museo del Oro Precolombino, toda una joya.

3. La arquitectura

Edificios Jenaro Valverde y Laureano Echandi | EVG
Edificio Knöhr, a la izquierda, y la Catedral Metropolitana, al fondo | EVGf khjgfñkj

La bonanza en la exportación de café y tabaco a finales del siglo XIX creó una pujante burguesía que, al igual que sucedió en Europa, quería dejarse notar a base de edificios grandilocuentes. Aquí triunfaron joyas del renacentismo francés –como el espléndido edificio de Correos y Telégrafos– y el neoclásico –no te pierdas el edificio Knöhr– junto a ejemplos de lo que se llamó el victoriano tropical, con numerosos palacetes en el Barrio Amón. Junto a ellos, muestras de un brutalismo que triunfó más en Latinoamérica que en Europa y que dejó muestras como el edificio Jenaro Valverde, el Laureano Echandi y la iglesia de Nuestra Señora de Fátima.

4. Los parques

Parque Morazán | EVG
Parque Central | EVG

En la capital de uno de los países con mayor biodiversidad del mundo —el 6% de todo el planeta– no podía faltar un rincón verde en el que tomar oxígeno en medio de la gran ciudad. Además de La Sabana, el Parque Morazán es uno de los más visitados, tanto por sus jardines como por el fotogénico Templo de la Música, una copia exacta del Templo del Amor y la Música del Palacio de Versalles. Aunque no es un espacio verde al uso, también puedes hacer un alto en el Parque Central, sentarte en uno de los bancos que rodean el quiosco y, simplemente, ver la vida pasar.

5. El comercio

Puestos callejeros | EVG
Puestos callejeros | EVG

Como en tantas ciudades latinoamericanas, en San José el comercio es casi una religión y lo tienes en todas partes y a todas horas. Por las calles del casco antiguo –más concretamente, en la Avenida Central, peatonal– encontrarás todo tipo de vendedores ambulantes. Si quieres algo más organizado, en el Mercado de Artesanías encontrarás desde pequeñas carretas de bueyes hasta tucanes de madera y maracas. Para llevarte recuerdos gastro, se impone comprar café y chocolate en el Mercado Central, un precioso edificio de 1880 y uno de los más grandes del país.

6. La comida

Restaurante Nuestra Tierra | EVG
Restaurante Nuestra Tierra | EVG

La comida tica te resultará exótica si vienes de Europa, pero no tanto si has estado en otros países del entorno, como la vecina Nicaragua. Lo que sí diferencia a San José es la cantidad de opciones (y precios), que van desde almorzar en una soda –comedor–, a picar algo en los puestos callejeros o el Mercado Central o saborear la nueva cocina en lugares muy top, como Silvestre, en el Barrio Amón. En cualquier caso, se impone desayunar gallo pinto –frijoles con arroz–, refrescarse con un granizado, comer casado –con plátano, res…– y terminar, cómo no, con un café.

7. El buen humor

Las luces nocturnas, con juego incluido, del Banco Nacional | EVG
Un cartel en clave de humor en el Hotel Balmoral | EVG

Llevan el disfrute por bandera y su pura vida, ese lema amplio y cómplice, como saludo universal. Pero, ¿por qué son tan felices los costarricenses? Riqueza, seguridad y estabilidad son tres pilares en los que se asienta esta felicidad innata que, año tras año, les mete en el podio de los países más felices del mundo. A esto hay que añadir su desbordante naturaleza y, en el caso de San José, un urbanismo accesible y amable. La vida en la calle y el ocio nocturno es otro factor que aquí se disfruta en La Carolina y los locales bohemios del Barrio Amón y Escalante.

8. El turismo

Escaparate en la Avenida Central | EVG
Cartel en la Calle 13 | EVG

Si la relación de Costa Rica con el turismo es un tándem que no llega a ser de amor-odio, pero sí de amor-precaución, los escasos turistas de San José añaden una nueva variable a la ecuación. En un país con más del 25% de su territorio protegido, la capital queda fuera de las rutas que recorren el perímetro, pero sí soporta el trasiego de turistas que vienen y no consumen. El foco ahora está puesto en atraer visitantes con estancias más largas, y la seguridad, los museos, el ocio nocturno y la buena vida, son sus mejores bazas para conseguirlo.

La imagen que abre el texto es Catedral Metropolitana de San José | EVG

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